
Insiste para que entre la gente hasta que mi casa estè llena.
Los invitados se excusan, siendo asì que el reino no se cierra a nadie a no ser que se excluya èl mismo por su palabra. En su clemencia, el Señor invita a todo el mundo, pero es nuestra desidia o nuestra desviación las que nos alejan de èl.
Aquel que prefiere comprar un terreno es ajeno al reino; en tiempo de Noè, compradores y vendedores fueron tragados, por igual, por el diluvio. Igualmente el que se excluye porque se ha casado, porque està escrito: Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sì mismo, no puede ser discìpulo mìo.
Despuès del desprecio orgulloso de los ricos, Cristo se vuelve hacia los paganos; hace entrar a buenos y malos para hacer crecer a los bueno y para mejorar las disposiciones de los malos.
Invita a los pobres, a los enfermos, a los ciegos, lo cual nos muestra que la enfermedad fìsica no deja a nadie fuera del reino, o bien que la enfermedad de los pecados se cura con la misericordia del Señor.
Manda a buscarlos a las encrucijadas de los caminos, porque la Sabidurìa grita allì donde los caminos se entrecruzan.
Los envìa a buscar a las plazas, porque ha dicho a los pecadores que abandonen los caminos anchos y encuentren el camino estrecho que conduce a la vida.
Los envìa a buscar a las carreteras, porque son capaces de alcanzar el reino de los cielos aquellos que, no estando retenidos por los bienes de este mundo, se afanen por los venideros, comprometiéndose en el camino de la buena voluntad y oponiendo la muralla de la fe a las tentaciones del pecado.
San Ambrosio
Piera, con el corazòn.
PUEDEN VER UNA PRESENTACIÒN...HERMOSA.