
UNA CELEBRACIÒN PARA LOS DIFUNTOS
Cuando Jesùs enseñaba el Padrenuestro a los discípulos, les decìa que no era necesario pronunciar muchas palabras. El prefacio III de difuntos, sumamente conciso, expresa de forma adecuada lo que celebramos en la Eucaristía y nuestra fe en la resurrección.
El hecho de poner nuestros corazones en la presencia del Señor y que, movidos por la caridad, pidamos por nuestros hermanos difuntos forma parte de la esencia de la celebración de la Misa; pero en determinadas circunstancias, como en la festividad que celebramos, adquiere una importancia especial.
La acción salvìfica de Jesucristo se refiere a tres ámbitos: al mundo, pues restaura la creación entera; a los hombres, que reciben la filiación divina y pueden llamar a Dios Padre, como Jesús nos enseñó; y a los muertos, tanto a los que estaban muertos por el pecado como a los que pasan por el trance de la muerte para alcanzar la verdadera vida.
HIMNO
Camino del sepulcro, preguntàbamos:
“¿quièn moverà la piedra?”
Pero tù
Como el agua viva,
Manas de la piedra;
Como el fuego nuevo,
Brotas de la piedra;
Como ciudad fuerte,
Creces en la piedra.
¡Oh Cristo, piedra viva!
Tu muerte es tu fuerza.
A ti se acogen todos los que duermen;
En tu descanso habitan,
Bajo tu piedra esperan. Amèn