Desde hace un tiempo ya estoy preocupada por ese "otro culto" que llevo, la práctica del deporte, que algunos verán como excesiva, aunque cada vez entreno menos tiempo, procurando incrementar la calidad del entrenamiento.
Estos pensamientos contradictorios de pensar en que me preocupaba demasiado por "la cáscara" cuando lo importante es el espíritu, llegaron a casi agobiarme, cuando, de pronto, llegó la luz. A veces
el mensaje nos llega por medio de quien menos esperamos:
Esta tarde, estaba yo entrenando en el gimnasio y llegó "El profe" quien me saludó de la siguiente manera
"Hola, cómo estás, atleta de Cristo". Seguí con el press de pecho, pero antes de irme le pregunté: "¿ómo me dijiste, atleta de Cristo? y comenzó a explicarme que había jugadores de fùlbol ligados a esa denominación, etc.
La frase quedó resonando en mis oídos y, en el recreo de la clase para catequistas parroquiales, que comencé hace una semana, hice el comentario del episodio. Una compañera lo asoció a la actividad de SS Juan Pablo II, "Cierto dije, me ayuda mucho tu comentario".
Lo cierto es que seguí investigando el tema y me encuentro con el
Magisterio que la Iglesia tiene sobre el tema, por demás interesante.
***Siendo que "Atleta de Cristo" correspondería a una denominación protestante, lo traduzco en "Atleta de Jesús Eucarístico".
Agrego: Después de todo, la práctica del deporte me ha colmado de bendiciones, en el gym conocí al Padre Marcos y, la travesía en bicicleta hasta el Santuario de la Virgen de Luján ha sido el puntapié inicial de mi Conversión. Alabado sea el Señor.
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