EL TERCER MANDAMIENTO.
Queridos hermanos en el seno de la santa Iglesia: Para Jesús (cf. Mc 12, 29-31) los dos mandamientos principales son: El Primero: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”, y el Segundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Su santidad Benedicto XVI nos dice (Deus caritas est 1) que Jesús hace de estos mandamientos un solo precepto; pues en el fondo es un solo amor: es amor a Dios y amor a Dios en el prójimo.
Pero este Segundo mandamiento implica un tercero, el cual en realidad sería el segundo: ya que debemos amar al prójimo “como a nosotros mismos”; dicho tercer mandamiento es: “Ámate a ti mismo”. O sea, para poder amar en plenitud al prójimo antes debemos aprender a amarnos a nosotros mismos como Dios quiere.
Pero aquí está el gran problema, pues hemos considerado muchos de nosotros que amarnos significa: “subir nuestra auto estima”, “auto realizarnos”, “auto afirmarnos”, cumplir nuestros deseos o caprichos, “sentirnos siempre bien”, “auto complacernos”, “gozar de la vida”, etc.; y, esto que es amor propio o egoìsmo, ha sido un veneno mortal que nos aleja de Dios, en lugar de acercarnos a Él, pues no hemos comprendido el verdadero significado de amarnos a nosotros mismos.
Antes debemos distinguir en nosotros a tres “sí mismos”: un “sí mismo” con minúscula, el cual eres tú que esto lees; otro “Sí mismo” con mayúscula, el cual es lo que desconocemos del alma, también llamado por san Pablo “hombre interior”; y, un tercer “SÌ MISMO” todo con mayúsculas, que es Dios en tu alma, o sea, el “Dios Escondido” (cf. Is 45, 15), en tu interior.
Ahora bien, ¿Cómo debes tratar a estos tres “sí mismos” una vez que los has distinguido -o al menos aceptado- en ti mismo? Jesús nos recomienda que el sí mismo con minúsculas -que eres tú el que esto lees- aprenda a negarse (anularse, renunciar a sí mismo) constantemente hasta morir con Él en la Cruz, no para aniquilarlo ya que es sumamente valioso, pues es la sede de la redención, sino para que sea depurado de todo mal; Luego el “Sí mismo” interior ¿qué debe hacer? Debe disminuir (cf. Jn 3, 30) para que crezca Jesús en el alma; y, al tercer “SÌ MISMO” ¿cómo se le debe tratar? A Él, que es Dios en ti, se le debe amar por sobre todas las cosas.
Por esto es importante conocerse a sí mismo, puesto que para discernir estos tres “sí mismos” es necesario, con la venia, ayuda y compañía del Espíritu Santo, introducirse en sí mismo (te recomiendo leas en el escrito “La Escuela de María santísima” el tema “La importancia de conocerse a sí mismo”, pág. 9) para que la gracia unida a nosotros realice estas tres labores: negarse, disminuirse y amar por sobre todo a Dios en nosotros mismos.
Si has encontrado o vislumbrado a Dios en ti mismo, entonces aprenderás a amar al prójimo como a ti mismo, es decir, viendo en él a Dios, más allá de la apariencia buena o mala que tenga el hermano. Dios está en el prójimo, sea como sea dicho prójimo, y por ello hay que amar a Dios en el hermano, así como amas a Dios en ti mismo; lo cual has aprendido en la práctica de negarte a ti mismo y darle vida a tu alma en tu interior alimentándola con los Sacramentos. Se ama pues al hermano, no a su pecado, y se ama a Dios en el hermano.
Todo esto que parece tan difícil y complicado, Dios Espíritu Santo lo hace de manera sencilla en ti y contigo. Para el hombre este discernimiento es imposible, mas para Dios es el camino que nos sugiere y nos proporciona en todo momento.
Conclusión: “Amarte a ti mismo”, implica conocerse a sí mismo, negarse a sí mismo, seguir a Jesús con la cruz de cada día y, amar a Dios por sobretodos las cosas. De aquí surge el verdadero amor al prójimo y el verdadero amor a sì mismo.
Que la Luz del Espíritu de Dios ilumine todo tu ser. Cordialmente JJyM.
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