Vamos a considerar una parte de la expresión anterior: “LO QUE DIOS UNIÓ”.
¿Qué significa èsto? ¿Se refiere solamente al momento en que el sacerdote expresa en el acto litúrgico que la pareja ya son esposos? ¿O también nos sugiere que desde que Dios decidió crear al hombre y a la mujer, que un día se unirán en matrimonio, ya los tenía destinados para que se unieran y formaran una familia? Dios es omnisciente, por ello Él ya sabe desde que crea a un alma su destino, y sin lugar a dudas a cada quien le asigna una misión, la cual se cumplirá plenamente si el hombre es dócil a las mociones del Espíritu santo.
Pero si una pareja llega al matrimonio, aun no acatando la vocación que originalmente Dios tenía asignada para cada uno de los cónyuges, Él ya sabe las dificultades con que se toparán en su existir; y si consiente que se realice el matrimonio, los esposos reciben su bendición para que construyan una familia donde ellos y los hijos amen y bendigan siempre el Nombre de Dios.
Supongamos que alguien que tenía la vocación al sacerdocio, por algún motivo no realiza su vocación y se casa; sin lugar a dudas que le costará mucho más trabajo realizar los fines del matrimonio que alguien que de origen tiene esa vocación. Pero aún así, Dios bendice el matrimonio para que llegue a buen fin.
De igual forma, si alguien sin vocación sacerdotal se hace sacerdote y Dios lo permite, tendrá la bendición de Dios para realizar su profesión, a pesar de que le cueste mucho trabajo.
Porque Dios lo que desea es que toda vida humana llegue a su plenitud (aún tomando malas decisiones el hombre, y siempre y cuando corrija y desagravie). Pues los Sacramentos son el Misterio por el cual Dios se dona al ser humano, por tanto es algo que se debe tomar con el mayor cuidado y la mayor responsabilidad.
Todo esto es para decir lo siguiente respecto a la unidad del matrimonio: en todo matrimonio bien avenido, o sea en el cual no hay motivos para una declaración de nulidad, no obstante no se dé la unión en las mejores condiciones, Dios da la gracia para que los esposos trasciendan toda dificultad, sea la que sea, y puedan llevar a la plenitud su compromiso de amor. De aquí que no hay pretexto -puesto que Dios sabe con lo que se van a enfrentar y da la solución desde que admite conceder el Sacramento- para la separación entre dos que recibieron el Sacramento del Matrimonio en el seno de la santa Iglesia. Y si se dan por vencidos es porque no tuvieron la suficiente fe, y tendrán que comparecer ante Dios responsabilizándose por el camino tomado: el de la fidelidad que agrada a Dios, o el de la comodidad egoísta que llevó a una separación que no honra la Ley de Dios y frustra toda una vida.
Sucede que la santa Iglesia a veces acepta una separación parcial sobre todo cuando se está lesionando gravemente a los hijos, pero es siempre para motivar y preparar una reconciliación.
Muchas veces los esposos que escogen ser fieles al Sacramento otorgado por Dios llegan a niveles de martirio, pero no cejan de esforzarse por agradar a Dios. Estas conductas fieles dan como resultado que los hijos (y muchas veces el esposo o la esposa infiel) no se pierdan y tengan el impulso para corregir y responder a su vocación tarde o temprano.
Dios con ustedes JJyM.
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